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Siete reglas para sobrevivir a la corrección política

Decir que la libertad de expresión se está viendo gravemente limitada a causa de la presión de lo políticamente correcto es hoy en día una obviedad. Ya no se trata de un debate académico, sino de algo que cualquiera de nosotros puede experimentar en su vida cotidiana. Aquellas extravagantes imágenes que nos llegaban desde el mundo anglosajón, en las que los profesores sancionaban a los alumnos por no usar los pronombres correctos al referirse a según qué personas o por utilizar estereotipos "sexistas", se han vuelto una realidad en nuestra España. 

Proliferan por doquier signos de una psicosis social cada vez más grave y encarnizada. Hombres a los que se prohíbe hablar de nada debido a su estatus "privilegiado". Personas que acusan de odio y de discriminación a quienes no desean mantener relaciones sexuales con ellas. Muchos de estos episodios son a veces meras exageraciones producto de las redes sociales que luego apenas encuentran hueco en la realidad. Sin embargo, el mero hecho de que la gente las considere y debata sobre ellas ya constituye un poderoso indicativo de la degradación social imparable a la que estamos sometidos. 

Los orígenes de la corrección política | Cultura | EL PAÍS

A mi entender, esta enfermedad no la cura ningún partido político, por mucho apoyo que pueda obtener. No hay que dejarse seducir en este sentido por los cantos de sirena que prometen el oro y el moro. Hay que continuar la lucha política contra este identitarismo posmoderno que nos asola, por supuesto, pero también, y quizá más importante, hay que crear una corriente de opinión que se vea inmunizada frente a la ideología dominante. Solo cuando los sensatos constituyan una mayoría será posible poner en evidencia lo disparatado del planteamiento policorrectista. 

Con esta finalidad, he elaborado unas reglas básicas de conducta para sobrevivir a la irracionalidad que nos absorbe en el mundo de hoy, fruto en exclusiva de mi criterio y de mi experiencia:

1. Limitad al máximo la exposición a los medios de comunicación de masas. Fundamentalmente, las televisiones y los periódicos principales deberían estar vetados por todo aquel que aspire a desintoxicarse de la corrección política. La razón es obvia: estos medios son el mayor mecanismo de propaganda de la ideología progre. Desde las noticias, hasta los programas de cotilleo, pasando por las tertulias, todo ello está contaminado. Si queréis ver la tele, poned una buena película. O quizá incluso podéis hacer como la familia de uno de mis mejores amigos, que se deshicieron del televisor y ahora son mucho más felices. 
La contrapartida de esto es, lógicamente, que tendréis que informaros mucho más a través de las redes sociales y otros medios alternativos. No temáis a las fake news. No hay mayor mentira que la propia corrección política. 

2. No discutáis con nadie que esté fanatizado por la corrección política. Hoy en día la política ya no es objeto de discusión racional, sino de afiliación identitaria, lo cual lleva a muchos a percibir las opiniones contrarias como agresiones a la propia personalidad. Es mucho mejor ahorrarse estos conflictos y evitar el debate con personas así. No aportan nada, ni personal ni intelectualmente, y la discusión no va a hacerles cambiar de idea. 
Eso sí, lo anterior no implica que tengáis que callaros y no decir ni pío cuando alguien suelta una burrada. Nada de eso. En estos casos, os animo encarecidamente a que digáis lo que pensáis, no con vistas a iniciar una discusión, sino para que quede clara vuestra postura. Es importante dar visibilidad a las opiniones disidentes, y si sois valientes y dais un puñetazo en la mesa cuando la situación lo requiere, muy posiblemente muchos otros se animen a hacerlo en el futuro. 

3. Cultivad las relaciones interpersonales. Uno de los factores que ha favorecido el triunfo de las ideologías de la corrección política ha sido el sentimiento de pertenencia e identidad que aportan a muchos. La gente se siente feminista antes que amiga, madre, hija o hermana. Todo poder totalitario se basa en la represión de los vínculos naturales entre personas en beneficio de los vínculos ideológicos y partidistas mediatizados por el Estado. Para combatir esto, es preciso salir de la burbuja individualista en la que tantos están inmersos y volver a relacionarnos con nuestra familia y con nuestros amigos. 
Dentro de esto, es especialmente importante promover las relaciones íntimas entre hombres y mujeres, ya que son las que se han visto más dañadas a resultas de la hegemonía progre. Hombres y mujeres deben buscarse y desearse sin miedo y sin resentimientos acumulados. Esto es quizá más relevante en el caso de chicos y chicas jóvenes, cuya exposición a la propaganda policorrectista es aún más intensa si cabe. Las nuevas generaciones deben aprender lo que son las relaciones de pareja de un modo natural y no contaminado por la ideología. 

4. Participad en proyectos de tipo comunitario. La pertenencia a un club social, a una asociación de barrio, a un equipo de fútbol, a una parroquia, etc., son factores que dinamizan la vida social de las personas y las alejan de caer en las redes del progresismo identitario, pues este se basa, como ya hemos indicado, en la captación de individuos alienados, con escasos vínculos comunitarios y sin propósitos vitales. Las obligaciones con la comunidad son la antítesis de toda radicalización ideológica. 

5. Conoced el legado histórico y cultural de vuestra tierra. Un pilar fundamental del progresismo es el rechazo de la tradición como origen de opresión sistémica. La corrección política, así, persigue eliminar o limitar lo máximo posible toda referencia que conecte a las personas con el legado que han recibido de sus mayores. El antídoto contra esto está claro: debemos reclamar como propio nuestro pasado como país y como cultura y defenderlo de estos ataques, para lo cual es imprescindible conocerlo. Las visitas a museos, a los monumentos más significativos, releer episodios clave de nuestra historia..., son fundamentales aquí. Toda sociedad necesita transmitir una tradición, y es esta transmisión la que bloquea intentos de subversión social masiva como los que promueve la corrección política. 

6. Leed a los autores malditos. En todo sistema de hegemonía cultural, siempre hay ciertas lecturas que se desaconsejan y se ocultan, pues son precisamente aquellas que ponen en cuestión la ideología dominante. En nuestro caso, dicha ideología es el progresismo, y por ello es necesario leer masivamente a aquellos autores que con mayor maestría han expuesto el engaño en el que este se basa. Por fortuna, hoy es fácil conocer de la existencia de ideas alternativas gracias a Internet. Aprovechadlo y leed a esos escritores "fachas" o "reaccionarios", a esos old dead white men que son la pesadilla del Ministerio de Igualdad. 

7. No perdáis nunca la esperanza. Parafraseando al gran Wilhelm Röpke, no se puede obligar a las personas a vivir bajo unas condiciones contra las que su naturaleza termina por rebelarse. Recordad que el progresismo no es más que una nota al pie de la historia, un capítulo más de tantos episodios de histeria colectiva que fueron finalmente barridos por la fuerza de la realidad. Nada parecía más inamovible que el despotismo comunista, y sin embargo ahí yacen sus restos. Las ideologías contrarias a aquello que nos hace específicamente humanos, a la familia, el amor, la patria..., nunca pueden prosperar. Mientras dura la tormenta, manteneos firmes y pensad con ilusión en el mañana en el que el sentido común se impondrá de nuevo. 

Si estas modestas reflexiones pueden ayudar a alguien, me daré por bien pagado. 

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