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¿Qué es ser conservador?

"Conservador" no es una palabra popular hoy. En España es casi un insulto, con una izquierda que la utiliza para descalificar a sus rivales y una derecha que, lejos de reivindicarla, la evita y recurre a otras para definirse: "liberal", "centro"... Incluso a veces la derecha pretende ridiculizar a la izquierda haciéndola pasar por "conservadora" o "puritana" (por ejemplo, en temas como la prostitución y la gestación subrogada). De este modo, reafirman la hegemonía cultural izquierdista, porque ¿no estamos aceptando así que lo "conservador", lo "carca", etc., es lo malo y lo "progresista", lo "moderno", lo bueno?

Esta actitud se explica por la tendencia a ver en el conservadurismo tan solo un vestigio de épocas pasadas o de sistemas políticos superados. El papel del conservador parece entonces reducirse a ir siempre a remolque de los acontecimientos, resistiendo en vano los avances sociales y siendo finalmente vencido por las fuerzas progresistas. Vemos ejemplos claros de esto en las críticas más habituales contra los conservadores. ¿Cuántas veces se nos dice que no se puede discutir de tal o cual tema porque es un debate que ya está "superado"? ¿Cuántas veces se nos insta a abandonar determinadas posturas porque son una "involución"? ¿Cuántas veces se nos recuerda que "no se puede volver atrás"?

Frente a estas ideas de moda, el propósito de este modesto blog es reivindicar el conservadurismo como una tradición política respetable capaz de ofrecer una alternativa sólida a los desafíos de hoy. Si en toda época han existido conservadores eminentes que han trabajado por el bien común de la sociedad, en la nuestra son quizá más necesarios que nunca. Al simpático buenismo del progresista, debemos responder citando al gran Donoso Cortés, uno de tantos ilustres conservadores injustamente olvidados:

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"El fundamento, señores, de todos vuestros errores consiste en no saber cuál es la dirección de la civilización y del mundo. Vosotros creéis que la civilización y el mundo van, cuando la civilización y el mundo vuelven. El mundo, señores, camina con pasos rapidísimos a la constitución de un despotismo, el más gigantesco y asolador de que haya memoria en los hombres". 

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¿Liberalismo? Sí, pero no

El conservadurismo, tal y como han puesto de manifiesto autores como Russell Kirk o Michael Oakeshott, no es una ideología. No posee un conjunto de dogmas cuya aplicación indiscriminada garantizaría el cielo en la tierra. Se trata, más bien, de una actitud ante la vida, un planteamiento realista y no utópico sobre la naturaleza humana y sus potencialidades. El enemigo eterno del conservador siempre es el radical o el revolucionario, es decir, el que pretende subvertir la totalidad del orden existente para adecuarlo a su particular modelo mental. Por la misma razón el conservador también se encuentra en pugna con el reaccionario, como ya analicé aquí .  Teniendo en cuenta esto, no sorprende que haya habido tanta confusión y tantos malentendidos en el tratamiento de la relación entre conservadurismo y liberalismo. Hay quienes no hacen distinciones entre ambos y los agrupan con trazo grueso dentro del bloque "burgués", "derechista" o "fascista", según el

Contra los libertarios

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