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¿Qué es ser conservador?

"Conservador" no es una palabra popular hoy. En España es casi un insulto, con una izquierda que la utiliza para descalificar a sus rivales y una derecha que, lejos de reivindicarla, la evita y recurre a otras para definirse: "liberal", "centro"... Incluso a veces la derecha pretende ridiculizar a la izquierda haciéndola pasar por "conservadora" o "puritana" (por ejemplo, en temas como la prostitución y la gestación subrogada). De este modo, reafirman la hegemonía cultural izquierdista, porque ¿no estamos aceptando así que lo "conservador", lo "carca", etc., es lo malo y lo "progresista", lo "moderno", lo bueno?

Esta actitud se explica por la tendencia a ver en el conservadurismo tan solo un vestigio de épocas pasadas o de sistemas políticos superados. El papel del conservador parece entonces reducirse a ir siempre a remolque de los acontecimientos, resistiendo en vano los avances sociales y siendo finalmente vencido por las fuerzas progresistas. Vemos ejemplos claros de esto en las críticas más habituales contra los conservadores. ¿Cuántas veces se nos dice que no se puede discutir de tal o cual tema porque es un debate que ya está "superado"? ¿Cuántas veces se nos insta a abandonar determinadas posturas porque son una "involución"? ¿Cuántas veces se nos recuerda que "no se puede volver atrás"?

Frente a estas ideas de moda, el propósito de este modesto blog es reivindicar el conservadurismo como una tradición política respetable capaz de ofrecer una alternativa sólida a los desafíos de hoy. Si en toda época han existido conservadores eminentes que han trabajado por el bien común de la sociedad, en la nuestra son quizá más necesarios que nunca. Al simpático buenismo del progresista, debemos responder citando al gran Donoso Cortés, uno de tantos ilustres conservadores injustamente olvidados:

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"El fundamento, señores, de todos vuestros errores consiste en no saber cuál es la dirección de la civilización y del mundo. Vosotros creéis que la civilización y el mundo van, cuando la civilización y el mundo vuelven. El mundo, señores, camina con pasos rapidísimos a la constitución de un despotismo, el más gigantesco y asolador de que haya memoria en los hombres". 

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Contra los libertarios

Debido a las dinámicas propias de la Guerra Fría, nos hemos habituado a definir la oposición entre izquierdas y derechas por referencia a la economía. La derecha representaría, entonces, la confianza en el libre mercado y en el capitalismo, frente al socialismo de la izquierda. Ya hemos dicho en anteriores ocasiones que esta es una dicotomía simplista, dado que el conservadurismo, aunque opuesto al socialismo, no puede reducirse a una mera defensa del liberalismo económico e incluso en muchos casos puede ser contrario a este. Pero la mitología del "mercado" ha pervivido y se resiste a desaparecer, y uno de sus resultados es la gran complacencia con la que muchos derechistas contemplan al liberalismo libertario, considerándolo un aliado en la lucha contra la izquierda, o a lo sumo como un compañero de viaje quizá algo radical y extraviado.  Por este motivo, no es raro que muchos jóvenes de la derecha española comiencen sus primeras andaduras políticas como libertarios, enemigo

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